Escribe, si quieres, en 3, 9, 27 o cuantas líneas quieras; si quieres. Escribe NO sobre Gustavo Cerati, su último concierto, o su actual estado, sino más bien, sobre qué hiciste o qué evento, trivial o significativo también te movió el piso entre el 16 y el 30 de mayo del 2010, es decir, los primeros días en que Cerati se quedó dormido. Añade lugar, fecha y hora de tu incidente y, si te provoca compartirlo aquí, envíalo a ceratincidente@gmail.com.


No sé si esta es una página fetiche. Acaso es un pequeño ejercicio de refracción. Pienso que los recuerdos, cuando se desvían, mantienen a otros con vida, casi como si estuviésemos conectados por una máquina de plegarias y engranajes momentáneos ¿Qué hacías, qué te ocurrió la semana en que Cerati se quedó dormido? Escríbelo y, si quieres publicarlo aquí, envíalo a ceratincidente@gmail.com

Idas con Gramcko, llorando con la Palacios


Lo cierto es que la angustia estaba sentada en la sala de mi casa. A mi madre le habían recetado unas pastillas para parkinson, pero no le habían diagnósticado la enfermedad. Mi madre había decidido no tomarlas e ir a un neurólogo. Entonces nos encerramos en nuestros cuartos. En la cocina hablamos, nunca del tema, aunque mi mamá sabía como colarlo... creo que en realidad por eso nos encerramos. En menos de un mes le diagnosticaron: parkinson, cáncer terminal, mal de sambito... Fines de mayo. Mientras tanto yo leía Ida Gramcko hasta el agotamiento, enredada en las formas, escribiendo para un curso de poesía venezolana, luego vino el llanto con Antonia Palacios, ahí ya la sala estaba desierta. Luego vino la espera. El IVIC. Pero eso fueron los otros meses. Cerati no había muerto. Mamá tampoco. Había esperanza.


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